Algo peor que la muerte
Permíteme que hoy, aprovechando que es el día de todos los Santos o Halloween, haga una pausa y me ponga filosófico o existencial en esta entrada. Hoy hablaré de algo distinto y que me preocupa desde la adolescencia: el final del trayecto. Mucho se habla de la muerte, de las tragedias pero no nos paramos a pensar detenidamente lo que supone si no hay nada después.
Si hay algo peor que la muerte, es que no exista nada después.
Vivimos en un torrente, con prisas, nos ocupamos para no pensar en temas como este. Seguramente cuando empieces a leerlo, estarás deseando cambiar de tema, pasar a otra cosa, olvidarte, no tratar el tema, en el fondo es escapar de la verdad, irte a beber agua, o a cerrar esta pestaña y ver que hay de nuevo en twitter o facebook.
Sigues todavía ahí leyendo, ¿estás ahí?, bien, veo que eres valiente, que afrontas la vida de cara, sin engaños, ni trampas, eres de los míos.
Yo creo que tiene que haber algo, creo en Dios por llamarlo así, o quiero creer en algo precisamente para ahorrarme el sufrimiento de pensar que esto es el final. Pienso que las religiones nacieron para aliviar este sufrimiento. Sin embargo, me consuela pensar que, aunque sólo sea por la forma armoniosa que tiene el Universo de desenvolverse, hay reglas muy definidas, aunque nosotros sólo entendamos una ínfima parte de ellas, da la impresión de que hay algo o alguien detrás de todo. O que por combinación de genes finita, todo es cuestión de paciencia y tiempo de que vuelva a salir mi combinación genética con mis circunstancias para que vuelva a nacer de nuevo.
Pero os imagináis por un momento que esto fuera el final del trayecto, que con nuestra muerte, se acabase el viaje para siempre. No más oportunidades, no volver a sentir, no volver a ver a tus seres queridos jamás (padres, hermanos, hijos, mujer, novia, amigos), no tener ningún tipo de experiencia de ningún tipo, no vivir nunca más, dejar de existir por siempre jamás y por los siglos de los siglos.
Puede que este momento sea el único.
Porque la vida es un momento, un respiro, un suspiro que dura lo que tardas en darte cuenta de que ya ha terminado, un…. ahora alguien con más prosa terminaría hilando una serie de epítetos para adornar el texto, pero no, la muerte no tiene adornos, viene y se te lleva sin más explicaciones. Nos consideramos tan importantes que nos creemos que sólo porque seamos un ser con cierto pensamiento que es capaz de plantearse cuestiones como ésta, la autoexistencia, merece la eternidad. Pero posiblemente estamos lejos de tener la más remota importancia ante la inmensidad de la naturaleza del Universo. Si desaparecen las estrellas aún llevando millones de años. ¿Por qué nosotros somos diferentes? ¿Por qué el hecho de ser reflexivos, de argumentar, de transformar un planeta que es menos de un grano de arena en una playa en comparación con el Universo habría de importarle a algo o alguien? Steve Jobs, decía que la muerte era su mejor motivación, ahora cada día lo entiendo mejor. La buena noticia de replantearte lo anterior, es que te hace tomarte la vida de otra forma, sin prisas, dando gracias, siendo consciente y disfrutando de cada momento, porque puede que sea único. ¿Que opináis vosotros?